LA CARTA DE UN PADRE

Cuando nos sentimos asqueados de nuestra especie humana, cuando sentimos que nuestra degradación es irreversible, aparece una luz que nos hace ver que el ser humano todavía puede ser noble, generoso, que aún tenemos esperanzas. La carta de Walter Oyarce Delgado, padre de Walter Oyarce Domínguez:



Nuestro Angel

Carta de Walter Oyarce Delgado

Ayer por la tarde dimos cristiana sepultura a mi hijo Walter Arturo Oyarce Domínguez, en esos duros momentos describí las características de mi hijo resaltando que eran sólo una manera de recordarlo, precisé que si hacíamos nuestras sus virtudes, lo inmortalizaríamos al reflejarlo en nuestros hijos. Virtudes que en sólo 24 años lo hicieron un grande, una vida prometedora ha sido truncada de manera absurda, la muerte de mi hijo sólo tendrá valor si sirve para detener de una vez por todas, esta violencia absurda con la que vivimos.

Walter fue un apasionado en lo que hacía, así como lo deberíamos ser todos con la actividad que amamos, pues la pasión es la energía de la actitud positiva, nunca de la violencia que se basa en la demencia.

Walter era una buena persona, nunca hizo daño de manera intencionada, ayudar a la gente le nacía, con certeza ahora puedo afirmar que murió por defender a unas jovencitas y niños, sólo los hombres buenos y de valor reúnen tanta gente en su hora final.

Walter era alegre, un loquito bueno, nos enseñó que en la vida hay una llave maestra que abre todas las puertas, la sonrisa.

Walter amó y lo amaron muchas personas, basado en el respeto mutuo, sin duda fue auténtico.

Walter ha demostrado que no importa cuántos años vivas, lo importante es la intensidad que le imprimes a ella, su espíritu nunca tuvo descanso, todos saben de sus ganas de vivir y ocurrencias.

Walter fue un hijo y amigo extraordinario, un hombre agradable de bonita presencia, un hermoso ejemplar en físico y alma que nos deja un vacío muy grande por llenar.

Walter fue un líder natural, nunca decía “yo lo hice”, pues con entusiasmo integraba los equipos para trabajar, pues entendía que la suma siempre aporta más que el egoísmo.

Tuve el privilegio de ser su padre y amigo, fui su hincha, disfrutaba como nadie viéndolo jugar, como en el futbol fue en la vida, todo entrega, energía y alegría.
Sin odio, con mucho dolor y una pena que no tendrá fin, deseo que esta locura de violencia, con la que convivimos no solo en los estadios sino también en las calles o los hogares, tiene que cambiar, para ello lo primero es asumir la realidad que el cambio no es tarea de terceros o las autoridades, nos involucra a todos, sino lo entendemos así, esta desgracia que ahora me está matando, se repetirá.

Ayer por la tarde enterramos su cuerpo y si seguimos su ejemplo lo haremos inmortal, no hablo de su nombre que bien lo merece, hablo de su actitud, él actuó defendiendo a unas damas y menores de edad, hecho confirmado, acto ejemplar que cobró una vida prometedora, pues Walter soñaba con tener esposa e hijos, todo ello se ha truncado, porque él no se quedó encerrado, salió a darle frente a la insania, a nosotros nos queda hacer lo mismo, no podemos quedarnos esperando y viendo la desgracia ajena, pues tarde o temprano nos tocará.

He recibido muchas llamadas de indignación, sobre todo por la pasividad de las autoridades, pero repito, esto solo lo cambiará la sociedad, que somos cada uno de nosotros, yo no busco como meta la cárcel para quienes mataron a mi adorado hijo, busco su arrepentimiento, pues podrán evadir la justicia humana con recursos, pero jamás lo harán de la condena de la sociedad, aquella que si no aceptan su error, los condenará a la cadena perpetua del repudio de la gente que los conoce.

No habrá abogado en el mundo que salve a sus familias de la deshonra, no habrá peor cárcel que el desprecio de quienes los conocen, solo su arrepentimiento los liberará del peso tremendo que han puesto sobre sus espaldas, del daño que han causado. Mal hacen quienes amándolos los encubren, pues así los condenan con las cadenas más pesadas que tiene un hombre, las cadenas de su conciencia y el desprecio colectivo.

Yo no voy a descansar buscando que esto cambie, trabajaré con aquellos que necesitan orientar sus vidas, para que dejen de ser herramientas que generan tanto e indescriptible dolor como el que siento.

Claro que exigiré justicia, pero es una meta inicial, pues mi hijo me ha trazado metas más grandes, en ello buscaré el consuelo de esta irreparable pérdida. Muchas gracias a ustedes grandes amigos, por su apoyo incondicional que han hecho menos intenso mi dolor.

Walter Oyarce Delgado

4 comentarios:

fail dijo...

Muy buen post.

Anónimo dijo...

Palabras de un ser humano semejante a Dios, que en los momentos más difíciles de su vida, con el dolor profundo de la pérdida del ser querido, muestra misericordia.
"No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón"
Que Dios los bendiga y que el ejemplo de Walter nos haga más humanos.

Marcos Pazos dijo...

Muy bueno Heduardo.

johnson centeno dijo...

Mi homenaje al señor Oyarce, ejemplo de padre y amigo, que su carta y ánimo sea una lección para muchos. La venganza no resuelve nada, solo engendra mas violencia.
Un abrazo,
johnson centeno