REHENES DEL TERROR

Excelente artículo del sicólogo Stefan Reich en La República.


















Por Stefan Reich Roden


Cuando las personas tenemos miedo, somos capaces de llegar a conductas extremas y que pueden sacar lo peor de nosotros.

Somos capaces de calumniar, insultar, tergiversar y demonizar al otro por temor a ser destruidos o a perder lo que tenemos.
En el Perú existen razones históricas importantes para vivir eternamente con miedo y para pensar que lo que hemos logrado a punta de esfuerzo y sacrificio se puede desvanecer por una aventura populista y anacrónica. Para muchos, el experimento fallido de Velasco, la catástrofe económica de los 80, así como la debacle que viven muchos de nuestros vecinos latinoamericanos, son hechos que alimentan nuestro pavor al momento de elegir por quién votar.

Hoy por hoy, el miedo ha hecho que nos enfoquemos en lo que “realmente” importa: que pensemos con el bolsillo, que tomemos decisiones “racionales” ante la posibilidad de tener un gobierno chavista y que hagamos que el modelo se mantenga. Así que optamos por lo que creemos seguro: nos convencemos a nosotros mismos de que Keiko al menos no tocará nuestra riqueza y el crecimiento económico está asegurado.

La tristeza e impotencia que siento es inmensa cuando pienso que hemos claudicado ante el miedo en lugar de dar el gran paso que este país necesita para alcanzar una madurez social. Ante el miedo, hemos renunciado a cualquier ejercicio racional por entender que lo único seguro en esta vida es que la gente cambia, pero negamos que el Sr. Humala tenga derecho a cambiar.

Por el miedo, los eslóganes de las grandes empresas que prometen “responsabilidad social” o de los conglomerados mediáticos que avalan “la libertad de expresión” quedarán como frases vacuas y no servirán de mucho cuando llegue el próximo caudillo y nos preguntemos dónde estuvieron al momento de pelear por valores que los amparen. Por el miedo nos atamos las manos y habrá que explicarles a nuestros hijos que cuando las papas queman, nuestros principios se renegocian.

Nuestra actual polarización es en el fondo una lucha por salvaguardar ciertos principios que podrían hacer de este país algo realmente grande. En las sociedades modernas, estos son valores que defienden los ciudadanos de a pie. En los países que han salido del atraso, el progreso se mide más allá de los indicadores económicos. La libertad de expresión, la institucionalidad democrática, los DDHH trascienden a la derecha o a la izquierda. Las reglas de juego no se rompen. Y justamente si, víctimas de la campaña de miedo, premiamos al fujimorismo llevándolo al poder, le estaríamos dando nuevamente carta blanca para que rompa las reglas del juego como lo hizo sistemáticamente en los años 90. Nos hemos vuelto rehenes de nuestro terror.

Por defender estas ideas te bombardean con adjetivos y ataques mezquinos. Te llaman rojo, caviar o resentido social. Te llaman soñador, cuando no hay nada más realista que afirmar que el autoritarismo en nuestro país volverá. Esta es la realpolitik peruana. Y ante eso nuestra única arma son los ideales que defendemos. Paradójicamente, son estos valores los que hacen que nuestros dictadorzuelos la piensen dos veces antes de romper el orden democrático; antes de torturar, de matar y de robar. Porque el terror del caudillo que toda sociedad produce es el ciudadano común que no cede ante momentos como este.

Publicado el 15/5/2011 en La República

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias Heduardo por mantenernos informados de manera imparcial. Estoy de visita en peru y es increible lo parametrado que sta cierta prensa en el pais. Yo emigre a norteamerica debido al caotico y corrupto gobierno del chino y ahora veo con pena que mucha gente al parecer olvida el gobierno del terror de fujimori
Greg

LuchinG dijo...

Qué gracioso, el autor comete el mismo error que señala: pasa por alto que la otra opción es al menos igual de peligrosa.

gerardo cailloma dijo...

Sensata la posición de Stefan, a quien encuentro después de años. En realidad, la poca catadura moral que se podría dejar a hijos, alumnos se derrumbaría si Keiko accede al poder. Stefan fue alumno mío en el León Pinelo, me imagino que si fuese mi alumno y yo le enseñaría, no tendría argumento alumno que darle si el personaje del cual comentaba en clase era corrupto y ladrón volvería a gobernar. Creo que en ese sentido, todos los que hemos enseñado y estamos enseñando tenemos frente a nosotros un gran riesgo para validar nuestra sociedad a la cual invitamos a nuestros alumnos que se integren y se vuelvan hombres de bien. ¿Qué argumento tendría para el caso de Keiko en el gobierno? Ninguno, sólo decirle que siga su vida como pueda, porque lo que nosotros les enseñamos no sirve para nada.